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Mª del Mar Cegarra Cervantes

Nace en España en la ciudad de Huelva en enero de 1971 y es criada en Palos de la Frontera. Vive en España hasta 1994. Suele decir que la sangre española corre por sus venas, pero su corazón es portugués. Es Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta Somática en Biosíntesis. Desde muy pronto se dejó fascinar por la Psicología, la Medicina y el Arte. Empieza sus estudios en el Conservatorio Superior de Música donde permanece hasta empezar la carrera de Psicología. Desde entonces se dedica totalmente al estudio de la Psicología, Psicoterapia y Medicina Natural. Su interés por estas disciplinas la lleva a contactar con varias áreas de la Psicoterapia y de la Medicina Natural y Energética, Psicodrama, Gestalt, Terapia Familiar, PNL, Naturopatía, Osteopatía y sin duda la Biosíntesis, su gran Inspiración, habiendo recibido formación directa de David Boadella, creador de esta modalidad. Hace 20 años que atiende a parejas y grupos, haciendo también sesiones individuales. Es profesora, conferenciante y es dinamizadora de talleres en Psicoterapia Corporal. Es International Senior Trainer en Portugal, España, Republica Checa, Israel y Brasil, entre otros países. Es directora del CPSB, Centro de Psicoterapia Somática en Biosíntesis para Portugal y España, con sede en Lisboa. Es también presidenta de la APPC, Asociación Portuguesa de Psicoterapia Corporal. Vive en la capital portuguesa con el marido y sus tres hijos.
Ser psicoterapeuta, principalmente psicoterapeuta corporal, implica una gran exigencia. El psicoterapeuta corporal tiene que estar continuamente observándose, dado que su cuerpo es también un instrumento de trabajo que aporta mucha información sobre lo que está aconteciendo y sobre la manera de cómo se deja afectar con lo que pasa en el gabinete, con respecto al cliente. El psicoterapeuta tiene que saber moverse, tocar, colocar, entrar en resonancia, distinguir lo que es suyo y podría llegar a “contaminar” y lo que es del cliente. Tiene que saber cuidar su tono de voz, sus gestos y su aspecto. Todo puede afectar al otro.
Es un cuadro muy diferente del que conoció Laura cuando era sólo psicóloga clínica. Cuando más avanza en su recorrido profesional, más se da cuenta de que el aprendizaje no tiene fin y la evolución tendrá que ser constante.